El día que el Sol se apagó

El 8 de abril de 2024, el Sol se apagó sobre Mazatlán. El eclipse total cubrió el puerto con un velo de penumbra durante 4 minutos y 20 segundos, entre las 11:07 y las 11:11. En ese lapso suspendido, la Tierra contuvo el aliento. Las olas parecían callar, el aire vibraba distinto y miles de almas se reunieron frente al mar para presenciar el instante en que la luz fue consmida por el vacío.

Mazatlán ardía: música de banda, cuerpos danzando, risas, cerveza, lentes oscuros y camisetas con soles estampados. Todo era júblio y ansia. Cuando la penumbra descendió, el bullicio se transformó en un silencio en trance. Las aves se perdieron en la confusión y por un instante, la humanidad entera fue consciente de su pequeñez e insignificacnia ante el cosmos.

En ese clímax de oscuridad, miles de almas latieron al mismo ritmo. Estas fotografías que tomé no solo documentan un evento astronómico, sino un estado comunión y (muy implicitamente) mi búsqueda entre los presentes de un significado familiar.

Recuerdo que mi madre me mando un mensaje momentos antes del eclipse: “en este portal, tu abuelo, el Señor de las Tinieblas, transitará, pero te dejará su legado. Despíedete de él”. Él murió un año antes, casi en mi cumpleaños. Durante mucho tiempo no supe a qué herencia se refería. Pero ahora, ya la entendí… ya sentí su llamado.