“Ya lo sééé… que túúú te vaaaaaaaaas… Que quizás no volverás… Que muy tristes hoy serán… Mis mañanas si te vas”. Esta estrofa de uno de los icónicos temas del Divo de Juárez definieron el ambiente que se vivió durante el ocaso del mandato del ex presidente Andres Manuel López Obrado, en su último grito de Independencia.
Esa noche marcó el fin de una era que prometió mucho y de la que solo nos queda el macaneo. Independientemente de la postura política de cada quién, el evento en el Zócalo se convirtió en el zénit de la idolatría hacia su figura. Miles de sus seguidores soportaron la lluvia y la masa para ir a verlo por última vez y despedirse.
Desde que dejó la presidencia, se desconoce dónde esta el “Cabecita de algodón”. La versión oficial es que se fue literalmente a La Chingada (su rancho en Palenque), a retirarse de la vida pública. Otros dicen que está escondido en Cuba, pues lo según lo investiga la justicia gringa. Sea como sea, su figura se convirtió en un objeto mesiánico, al que se le rezaron alabanzas, que culminaron en un momento apoteósico, cuando salió al balcón de Palacio Nacional.
Aunque trágica, la canción de Juan Gabriel no deja tener ese sentimiento festivo, desbordante de emociones y poderío (Especialmente la versión en el Palacio de Bellas Artes). Una energía idéntica se sintió en esa noche de 15 de septiembre. Estas fotos plasman ese sentimiento agridulce que llenó los corazones de sus adeptos, quienes no dejaron de corear al unísono:
Ya lo sé, mi amoooooooooor
Que te vas, te vaaaaaaaaaas
Que ha llegado la hora
De decirnos adiós
Te deseo buena suerte
Hasta nunca
Mi buen amor
Adiós, amor
Adiós.












